viernes, 25 de febrero de 2011

La cajita que hace la felicidad

Para empezar con lo random, tengo ganas de leer yaoi. O de bajar dojinshis. O de ver la película de Hetalia.

No me gusta que me den regalos así de repente, soy una desconfiada e imagino que cualquier día, cuando ya esté habituada a tantos regalos me van a dar un arma bioquímica que ¡KABOOOM! hará que este mundo se quede sin mi presencia.
Por eso sigo extrañada de la caja de pilas recargables. Lo mínimo que podía hacer para agradecerle -con atraso, nunca sé como reaccionar a esas cosas-, era darle un chocolate (y bien hecho: Hershey's Dark), que él recibió como si fuera la prueba de que él es descendiente del mismísimo Jack El Destripador. O para que quede claro, como si a mí me hubieran entregado el título de Reina de Mónaco, un manuscrito de García Márquez, a las CLAMP: Algo enorme.

Necesito terminar una de mis historias antes de cumplir 17, así esté terminando la historia a la medianoche entre el 19 y 20 de marzo. Mirjam y yo cumplimos 17 años el mismo día. Y lo que ella vive, lo vivo yo (y viceversa). Es necesario que lo termine porque siento que si no lo hago antes, nada ocurrirá.
Una vez que eso pase, lo mandaré imprimir, lo corregiré y probaré suerte. Si me publican seré al mismo tiempo la autora de épica mas joven (solo hay uno menor que yo: Un japonés de 13 años que hizo un spin-off de Death Note), la autora mas joven de toda la literatura mexicana y una de las pocas mujeres que no usan el romance como elemento principal.
Luego de eso retomaré la historia Steampunk que tenía con mis amigos (también de rebeliones y retomando a Jack y Mirjam, pero con otros nombres). Seguida tal vez de la que era un fanfiction que mentalmente me dió para más (solo que en ff.net son flojos para historias largas, especialmente de Hetalia), y finalmente escribiré la novela de la vida de todos.
Y tal vez cuando me sienta lista escribiré mi obra cumbre: una novela que se leerá una historia diferente en capítulos pares, otra en impares, al derecho es una y al revés es otra. Como Rayuela, de Julio Coartázar.

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